Pesadillas en un mundo hipócrita.

    Anoche tuve una pesadilla. En ella, una de mis hijas abandonaba el hogar familiar persiguiendo su sueño hacia una vida mejor en un continente desconocido. Para ello, su familia la habíamos ayudado a sufragar los gastos de viaje, vendiendo lo poco que teníamos e incluso empeñándonos de por vida.

     En su camino, mi hija se tropezaba con otras personas, hombres y mujeres, niños, jóvenes y mayores que anhelaban el mismo sueño. Tras una larga y penosa travesía, salvando cientos de obstáculos, ella había llegado hasta la costa española donde esperaría a que saliera la próxima patera, a subirse a un contenedor de mercancías, o a que se organizase el próximo asalto a una valla para pasar al otro lado: a África.

     En mi pesadilla mi hija lo conseguía, aunque otros se quedaban atrás, o morían en el intento de las formas más inimaginables (ahogados en el mar, abandonados por traficantes de personas, tiroteados por policías, utilizados por organizaciones criminales para el tráfico de órganos, en un club de alterne,…). Sigue leyendo “Pesadillas en un mundo hipócrita.”

Los trenes de la vida.

Me van a permitir explicarles con una breve metáfora cómo concibo la vida y sus diferentes etapas.

En la estación de la vida puedes optar por esperar indefinidamente un tren que nunca acaba por llegar y dejar tu vida pasar. También puedes subirte a alguno de los trenes de los que paren en tu estación, o decidirte a saltar a las vías tras un tren que no paró pero que te empeñas en coger.

Una vez arriba del tren, puedes quedarte quieto o puedes avanzar por el vagón de mercancías y por el vagón turista hasta alcanzar el vagón preferente. Incluso puedes pretender ser tú quien dirijas el tren, y hasta conseguirlo si eso es lo que te propones. Sigue leyendo “Los trenes de la vida.”