La leyenda de La Encantá.

Alrededor de la noche de San Juan existen numerosas leyendas, historias y costumbres. Días atrás, con motivo de tal día, un buen amigo me contaba su versión de la leyenda de La Encantá de Rojales.

Según él, cuenta la leyenda que un rey morisco sorprendió a su hija, una princesa de ojos azules y rubia cabellera, escapada de su fantástico castillo, entregándose a los placeres del amor con un joven príncipe cristiano por el bosque alrededor del Cabecico Soler. Tras una pelea con el joven amante, el rey moro cayó herido y murió, no sin antes maldecir en su Sigue leyendo “La leyenda de La Encantá.”

Los trenes de la vida.

Me van a permitir explicarles brevemente con un ejemplo cómo concibo la vida y sus diferentes etapas.

En la estación de la vida puedes optar por esperar indefinidamente un tren que nunca acaba por llegar y dejar tu vida pasar. También puedes subirte a alguno de los trenes de los que paren en tu estación, o decidirte a saltar a las vías tras un tren que no paró pero que te empeñas en coger.

Una vez arriba del tren, puedes quedarte quieto o puedes avanzar por el vagón de mercancías y por el vagón turista hasta alcanzar el vagón preferente. Incluso puedes pretender ser tú quien dirijas el tren, y hasta conseguirlo. También cabe la posibilidad de que una vez hayas cruzado todo el tren, no estés conforme con la dirección del mismo o con tus compañeros de viaje, y decidas bajarte en una estación de descanso, o bien saltar a la vía tras otro tren. Y así continuar el viaje.

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El olvido es la peor de las muertes.

Con motivo de haber estado releyendo y corrigiendo una novela, me ha venido a la cabeza la estrofa de Lupercio L. de Argensola que dice:

«La sombra sola del olvido temo;

porque es como no ser un olvidado,

y no hay mal que se iguale al no haber sido»

Es posible que alguien haya adivinado, o pueda intuir, que la novela en cuestión está ambientada en los albores de la Guerra Civil española, sigue durante el conflicto y continua en la postguerra que vivieron nuestros abuelos y bisabuelos.

Como premisa diré que considero que en esa época se produjeron actos horribles a ciudadanos inocentes de todas las ideologías, aunque unos ya fueron reconocidos y tuvieron desde el minuto uno de iniciada la revuelta contra la legalidad vigente su propia Ley de Memoria Histórica. A la hemeroteca y los documentos de la época me remito, estrictamente desde el punto de vista histórico. Sigue leyendo “El olvido es la peor de las muertes.”

El síndrome de Salomón.

El denominado síndrome o complejo de Salomón debe su nombre al psicólogo estadounidense Salomon Asch quien, a través de un estudio sobre la conducta humana determinó que el individuo, en nuestra sociedad, vive condicionado por la opinión y las actuaciones de los demás. Es decir, que no hacemos lo que queremos ni decimos lo que pensamos en muchas ocasiones por temor a que los demás tengan por “raros”, se rían de nosotros, nos sintamos incomprendidos y/o ridiculizados, nos excluyan de sus círculos sociales, etc… Y todo ello aunque suponga no sacarle partido a todo lo que llevamos dentro, a nuestras habilidades, destrezas, capacidades y aptitudes.

En nuestro desarrollo personal y profesional, se entiende que alguien padece el síndrome de Salomon cuando toma decisiones o adopta comportamientos para evitar sobresalir, destacar o brillar en un ámbito (familiar, laboral, etc) o grupo social; así como cuando nos obligamos a seguir el camino marcado socialmente por la mayoría para no llamar la atención. Es decir, nos dejamos llevar por el corsé de lo establecido y aceptado, aunque a veces eso conlleve su anulación como personas.

Me permito recordarles que muchos de los grandes descubrimientos de la ciencia y de los Sigue leyendo “El síndrome de Salomón.”

La historia del clavo.

Hablando de la confianza en los demás, el psicólogo Silvan Tpmkins divide a las personas en dos grupos: normativos y humanistas. Identifica a los primeros con aquellos que ocultan sentimientos y emociones, y están siempre alerta (desconfían de todo). Por otra parte, son humanistas los que piensan que las personas son habitualmente honestas y van a resultar casi siempre positivos para su desarrollo, y son empáticos, preocupándose de los problemas ajenos porque creen que es lo correcto y que los demás deberían hacer lo mismo (confían en todo y en todos).

Desde mi punto de vista, cabe también considerar cierta flexibilidad en esa clasificación, y que una misma persona en determinadas situaciones o asuntos tenga un comportamiento normativo, y en cambio en otros ámbitos sea humanista. Por ejemplo, con nuestra familia y amigo solemos comportarnos de un modo diferente que con desconocidos. Además de que con el paso de los años y por las experiencias vividas, los criterios para confiar o no en los demás pueden ir cambiando o evolucionando.

Todo ello me ha traído a la cabeza lo que yo conozco como La historia del clavo, que me contó hace años un buen Sigue leyendo “La historia del clavo.”

Podrían ser tus hijos, podrías ser tú.

La ONG Save The Children ha lanzado una impactante campaña para remover conciencias sobre la situación dramática de los menores refugiados y de los que tratan de cruzar la frontera desde Siria y otros lugares hacia Europa.

Con el visionado de su vídeo, bajo el nombre ¿Y si pasara aquí?, consigue acercar el conflicto sirio y sus consecuencias a la ciudadanía occidental. ¿Qué cómo lo hace? Pues mostrando a una niña británica, Lily, que vive en primera persona una (inventada, de momento) guerra en su país y que se ve obligada a vivir atemorizada entre escombros y destrucción, huir de las bombas a otros países y en su tierno rostro se muestra el horror de perder su casa, separarse de su familia, y convertirse en refugiado víctima de ataques racistas y xenófobos.

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Volcar la carretilla.

No sé si ustedes conocen la expresión Volcar la carretilla en el sentido que yo de ¡Se acabó! o ¡Hasta aquí hemos llegado!, resultado de una situación de hartazgo que se produce cuando una persona está más que cansada de que abusen de él y lo tomen por lo que no es, a veces por bueno y otras por tonto, pardillo,… cuando lo único que ha pretendido es ser correcto con los demás e implicarse altruistamente para que las cosas funcionen a su alrededor.

Como introducción, imagínense que en su entorno (familia, amigos, pareja, en el trabajo, colectivos a los que pertenece,…) cada vez que tienen una necesidad acudan a usted, sin importarles la hora, sus prioridades, sus otras obligaciones, ni sus motivaciones personales; y sobre todo cuando ya lo hacen como un derecho que han convertido en “tú” obligación. Y cuando, después de tiempo solventando sus “problemas” (“apagando fuegos”) les dices que esta vez no vas a poder ayudarles, por el motivo que sea, te puedes esperar cualquier fresca como “¡A ti que te cuesta!, ¡Si eso lo haces tú en cinco minutos!, ¡Para nada que te pedimos!, ¡Vaya cuento tienes!, ¡Lo venías haciendo y ahora te quieres librar!, ¡Es tú responsabilidad!, ¡Tú verás lo que haces!, ¡Se quedará sin hacer y habrá consecuencias!”, o cosas por el estilo, algunas de ellas dignas de un estudio sociológico. Y digo más, a veces te presionan sútilmente, condicionan o predisponen de mil maneras para que cumplas con esas “tus obligaciones”, según ellos. Y para colmo, encima, cuando las cosas no salen como ellos quieren la culpa siempre será tuya, y solo tuya; además de exigirte que, sea lo que sea, la lleves a cabo cuanto antes, y sucintamente añaden frases como “¡Esto es muy importante!, ¡Ojo con cometer errores! ¡A ver si se pasa el plazo!”, u otras semejantes. Sigue leyendo “Volcar la carretilla.”