El olvido es la peor de las muertes.

Con motivo de haber estado releyendo y corrigiendo una novela, me ha venido a la cabeza la estrofa de Lupercio L. de Argensola que dice:

«La sombra sola del olvido temo;

porque es como no ser un olvidado,

y no hay mal que se iguale al no haber sido»

Es posible que alguien haya adivinado, o pueda intuir, que la novela en cuestión está ambientada en los albores de la Guerra Civil española, sigue durante el conflicto y continua en la postguerra que vivieron nuestros abuelos y bisabuelos.

Como premisa diré que considero que en esa época se produjeron actos horribles a ciudadanos inocentes de todas las ideologías, aunque unos ya fueron reconocidos y tuvieron desde el minuto uno de iniciada la revuelta contra la legalidad vigente su propia Ley de Memoria Histórica. A la hemeroteca y los documentos de la época me remito, estrictamente desde el punto de vista histórico.Si atendemos a las cifras, a veces oscilantes según quienes las manejen, de aquella época en España hay censadas unas 2.500 fosas comunes sin excavar ni identificar los cadáveres que en ellas se encuentran. Y, por otro lado, se calculan que pudo haber entre 200.000 y 300.000 personas desaparecidas cuyos restos no se han encontrado o exhumado. Es posible que sean todavía más. A ello hay que sumar un censo de 30.000 niños que fueron sustraídos o robados a sus familias y entregados a otras afines al régimen o a la Iglesia. Vuelvo a remitirme a la hemeroteca y a los documentos de la época.

De manera que llego a la siguiente conclusión: Vivo en un país que presume de ser del “primer mundo”, de tener una “democracia consolidada”, pero que es incapaz de asumir su pasado reciente, ni de cerrar las heridas abiertas antes, durante y después de una guerra que tuvo, a ojos de la Historia, nula justificación moral pero devastadores consecuencias: muertos, heridos, desaparecidos, exiliados, oprimidos, hambre, miseria y destrucción para la mayoría de la población. Y, repito, entiendo que sufrieron personas de toda ideología y condición.

Vivo en un país que no entiende que la única forma de pasar página es leyéndola y aceptándola como parte ya inevitable de nuestra historia reciente; y hacerlo objetivamente, sin buscar victimismos ni revanchismos, sólo con el afán de que se produzca una reconciliación de todos los españoles, que parece que no acaba de llegar, y que carece de interés para muchas instituciones que no actúan o prefieren dejar las cosas como están. “No remover el pasado”, como claman algunos tratando de acallar voces; como si ignorándolo se solucionara el problema.

Como, al igual que Lupercio L. de Argensola, considero que el olvido es la peor de las muertes, y que lo que permanece en el recuerdo nunca muere, yo me pregunto: ¿Para cuándo una Comisión de la Verdad que lo aclare todo? Países como Alemania, o Sudáfrica (aparheid), ya lo hicieron, y entiendo que dio resultados positivos, por lo menos aceptables y siempre mejor que esperar que las cosas se arreglen solas.

Hace unas semanas estuve tomando un café con una señora de ascendencia cojense por parte de su padre, el cual tuvo que emigrar a Francia huyendo del hambre y la miseria. Aunque no venía a cuento, la conclusión de nuestra conversación fue demoledora: en general, los españoles demostramos estar más preocupados por el fútbol que por otras cosas más importantes, que no tenemos una cultura cívica muy a pesar de creernos muchas veces superiores a los ciudadanos de otros países europeos, y que manifestamos una mala educación como media. Lo cual nos lleva a estar siempre como estamos: buscando culpables, cuando es posible que los culpables seamos nosotros mismos. Todos.

Y, como ejemplo, ella misma me comentaba la escasa altura de miras de los españoles por superar el episodio trágico de nuestra historia reciente! pero tenía más argumentos. Yo, en una parte muy grande, no puedo por lo menos que dejarme vencer y reconocer que en algunos aspectos tenía mucha razón, por mucho que me duela. No tenemos más que echar un repaso a los últimos 15 años de noticias con los casos de corrupción a todos los niveles, asistir al comportamiento de nuestros políticos, ver cómo se ha gestado y cómo se ha pretendido solucionar la crisis económico-financiera (y de valores) que todavía nos envuelve, ver los programas del corazón que se consumen, entender al nivel de precariedad que han llegado algunos de los servicios públicos en materia de educación, sanidad, infraestructuras, cultura, etc…

Como siempre, gracias por estar ahí.

JF Rives

Nota: Lo manifestado en este artículo es una opinión personal que pretende reclamar el afrontamiento de un debate constructivo enfocado hacia la superación de una situación anómala e injusta para los desaparecidos y sus familias (víctimas en general); que denota que en mi opinión vivimos en una sociedad inmadura, poco demócrata, e incapaz de superar su pasado, de modo que corre el riesgo de repetirlo. En ningún momento pretende polemizar ni entrar en consideraciones de tipo político o ideológicas, ni tendenciosas, que den lugar a utilizar este tema de modo partidista ni demagogo, como por otra parte es posible que algunos quieran hacer.

(Si quieren leer mis artículos anteriores en mi Blog del Diario Información digital-sección Vega Baja sólo tienen que pinchar en el siguiente enlace: La habitación de los recuerdos).


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