Precipitarse puede acarrerarnos serios problemas.

Un alumno me contaba hace pocos días cómo su padre había perdido recientemente su trabajo. En resumen, el padre se había enterado a través de un conocido que su empresa buscaba a alguien para sustituirlo en un taller de vehículos. Y este trabajador, ofuscado por lo que creía iba a ser su despido inminente, se encaró con su jefe y “le cantó las cuarenta” (entiéndase que lo insultó) con muy malos modales. El caso es la empresa en cuestión buscaba sustituto de este empleado porque a este lo iban a ascender de puesto de trabajo, en lugar de despedirlo como había conjeturado él. El resultado ya lo saben.

Este suceso a mi me recordó una anécdota que contaba un amigo, que no sé si es o no cierta, pero era algo así: Un hombre estaba intentando sorprender a su esposa con un valioso regalo para lo que estaba ahorrando dinero a escondidas, con tan mala suerte que su mujer dio con el dinero y decidió dejarlo en el mismo lugar hasta ver qué ocurría con este, porque igual -pensó ilusionada- era para darle una sorpresa a ella. El caso es que la mujer comprobó que el dinero desapareció un día, su marido llegaba a veces a deshoras y no le explicaba bien de donde venía como si le ocultase algo a su esposa. Y claro, como la sorpresa que esperaba la esposa en un principio nunca llegaba, un buen día, convencida de que su marido la engañaba con otra mujer, nada más aparecer él por la puerta de casa se le embistió y le echó en cara su comportamiento al tiempo que le reconocía implícitamente “encendida de ira” una infidelidad de ella años atrás, completamente desconocida para el marido. De poco sirvió el coche nuevo que el marido le había comprado a su esposa y que le traía por sorpresa esa misma tarde.

Pues eso, que antes de perder los papeles, antes de cometer errores que pudieran ser insalvables, antes de hacer algo de lo que podamos arrepentirnos el resto de nuestras vidas… aconsejo que entendamos que es más conveniente que practiquemos una comunicación efectiva y una escucha activa, que seamos asertivos… si queremos evitar “meter la pata hasta el fondo» e irreversiblemente. Y así nos ahorraremos algún que otro disgusto.

Estoy seguro que, sin llegar a extremos tales, a ustedes también les habrá pasado cosas o habrán vivido situaciones debido a haberse precipitado en pensar o actuar de una determinada manera. Y… nos habremos equivocado. Yo el primero.

Gracias por leerme.

Saludos.

Joaquín.

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