Locos peligrosos.

Hace algún tiempo me propusieron un “proyecto colectivo” que se presentaba muy bien aliñado de palabras bonitas sobre futuras recompensas económicas, y que iba suponer escaso esfuerzo.

Cuando, antes de acabar de escuchar al señor proponente, que estaba acompañado de su corte de serviles aduladores, manifesté rotundo que no me interesaba y expuse educada y razonadamente varios de los motivos que me empujaban a tomar esa decisión, los otros se quedaron paralizados, incrédulos. Realmente estoy convencido de que, viendo el ofrecimiento, y la certeza que vendían de su “rentabilidad”, no entendían cómo yo o alguien se podía negar, “era una ocasión de oro” y “un tren que no volvería a pasar”, según ellos.

“Es un negocio claro”, me decían, negándose a creer mis explicaciones y diferentes puntos de vista que fui acompañando de más o menos acertadas conclusiones. Aquellas personas se marcharon, y lo único que al cabecilla, medio enfadado “porque no comulgaba con él” le entendí en su despedida fue: “este es un loco peligroso”. Sigue leyendo «Locos peligrosos.»

De mayor quiero que seas…

He aprendido, y sigo aprendiendo diariamente, mucho de mis hijas. Tengo la suerte de poder disfrutar de ellas y verlas crecer. Y, aunque creo que las conozco bien, no dejan de sorprenderme, y me dan mucho qué pensar.

Ayer por la tarde, las encontré jugando a maestras con sus muñecas y, al quedarme observándolas, me preguntó mi hija mayor qué trabajo me gustaría que ellas tuviesen cuando fuesen mayores.

Tras dudar ante lo inesperado de la pregunta, le expliqué que lo único que me gustaría es que fueran buenas profesionales de aquello que por vocación decidieran escoger ellas mismas, fuera lo que fuera. Sigue leyendo «De mayor quiero que seas…»

Solo sé que no sé nada.

El axioma latinajo acuñado por René Descartes Cogito ergo sum, traducido como “Pienso, luego existo”, le sirvió a este filósofo para asentar las bases de su pensamiento, y también de sus dudas, conocido como racionalismo occidental.

A estas alturas, y más ahora que tenemos antas fuentes de información, salvo que seamos miopes mentales, podemos entender que, por mucho que sepamos, es mucho más lo que ignoramos que lo que conocemos. Además, es fácilmente constatable con solo abrir un buscador de internet y buscar información sobre cualquier materia, da igual que sea sobre la evolución de los homínidos, la formación del universo, química,….

De modo que por muchos conocimientos y saberes que uno albergue, nunca se aproximará a todo lo que se nos escapa.

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¡¿Animales racionales!?

Existen muchas clasificaciones sobre animales, pero hay una que sitúa al ser humano como un animal racional, en contraposición y por encima del resto de seres vivos del reino animal. Según esta clasificación, las personas somos “animales racionales” y se nos presupone la más alta posición en la pirámide evolutiva; careciendo además de depredadores que amenacen seriamente la existencia del género humano como colectividad. Y la razón de ser de esta consideración por la atribución de la inteligencia y capacidad de razonar que hemos desarrollado evolutivamente.

Pero un inciso. ¿Acaso el ser humano no se ha convertido en su propio depredador y en la más seria amenaza de su existencia?

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Por la mejora de los tratamientos a personas diabéticas.

Cedo este espacio a mi amiga Elena Gomis, que plantea una queja sobre los tratamientos que prescribe la Consellería de Sanidad Universal y Sanidad Pública de la Comunidad Valenciana a los enfermos de diabetes y propone alternativas médicas que mejorarían la calidad de vida de estas personas.

Es una copia de la carta remitida a la propia Consellería el pasado enero.

Espero que sirva para hacerla llegar a la opinión pública y darle la máxima difusión, concienciándonos de la situación de los enfermos de diabetes, y cómo esta enfermedad afecta a su calidad de vida.

El motivo del presente escrito es manifestar mi malestar con la administración y el sistema valenciano de salud respecto a la gestión y control de una enfermedad crónica como es la DIABETES MELLITUS INSULINODEPENDIENTE o diabetes tipo I. Sigue leyendo «Por la mejora de los tratamientos a personas diabéticas.»

La habitación de los recuerdos: la sombra del olvido.

No soy escritor profesional, ni siquiera me considero escritor, pero escribo. Llevo escribiendo desde que me recuerdo, aunque me dedico profesionalmente a una labor bien diferente. Escribo cuentos, historias, artículos, corrijo guiones, … Sigue leyendo «La habitación de los recuerdos: la sombra del olvido.»

SORPRESA… SORPRESA

Suelo salir a caminar por la huerta casi todos los días entre media hora y cuarenta minutos. Como no tengo horario fijo, la mayoría de las veces salgo cuando puedo y solo. Me sirve para relajarme, pensar sobre tareas pendientes y organizarme. Es mi momento del día, que si no lo tengo lo echo en falta.

El caso es que suelo coincidir con otras personas que salen a lo mismo, pero por cuestión de tiempo y ritmo no suelo compartir ese tiempo con nadie.

Después del verano, coincidí caminando con un conocido un poco mayor que yo y, a un ritmo más pausado, fuimos hablando de lo humano y lo divino. Llegado al punto en que me Sigue leyendo «SORPRESA… SORPRESA»

Solo sé que no sé nada.

Atribuimos este dicho a una derivación de la obra del filósofo griego Platón titulada Apología de Sócrates, aunque ha llegado a nuestros días con una acepción diferente al contexto y significado original de su autor, y que a mi entender venía a observar que no se pueden afirmar las cosas con absoluta certeza, incluso en los casos en los que uno cree estar muy seguro de algo.

Aplicado a nuestros días, nos haría comprender que es posible que el tiempo, los avances de la ciencia y de la tecnología,… puedan aportar otros conocimientos y otras verdades o realidades distintas a las que nosotros ahora sostenemos como irrefutables.

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El regalo envenenado.

  • Es posible que a alguno de ustedes alguna vez le haya tocado algún premio que, finalmente, le ha supuesto un desembolso superior al valor de lo recibido. O le hayan regalado una mascota que requiere de su tiempo y le cuesta dinero mantener. O te han invitado a ir a algún sitio con la doble intención de que lleves a quien te invita o a alguna otra persona. O que tu hijo te dice dos cosas bonitas y te da un beso y luego te pide la luna, y tú se la das.

    Pues eso es lo que yo vengo a llamar un regalo envenenado o trampa.

    Pero… ¡No seamos malpensados! No todos los premios, regalos, invitaciones ni besos llevan necesariamente aparejada esa letra pequeña de la que luego podemos arrepentirnos, o por lo menos sorprendernos.

    Lo que sí es recomendable es pararnos de vez en cuando a reflexionar un poco en lo que hacemos, en las cosas que nos rodean, en qué es verdaderamente importante y qué accesorio, o en aquello que nos afecta en nuestra vida; aunque a veces se sufra al darte cuenta de los efectos secundarios.

    Y, por otro lado, estamos tan preocupados en nuestro día a día, en nuestras cosas y las de quienes nos rodean, que la vida pasa y es posible que no nos estemos dando cuenta de que estamos siendo espectadores pasivos de lo que nos sucede en lugar de decisores activos, con lo que ello implica: dejarse llevar y equivocarse, o permitir que otro decidan por ti, y que además se equivoquen.

    Comparto con ustedes una conversación imaginaria sobre la primera parte de este artículo:

    “—¡Enhorabuena! ¡Qué suerte!

    —Aaaahhh… supongo que te refieres a lo del viaje.

    —Sí. No todos los días le toca a uno un crucero.

    —¡Ya! Pero no me tengas envidia ni te alegres por mí.

    —¿Y eso? No pareces contento.

    —El premio tiene letra pequeña, además de letra no escrita.

    —¿A qué te refieres?

    —Pues a que no todo es tan bonito como parece desde fuera.

    —No te entiendo.

    —Pues que te impiden ir en temporada alta, ni aun pagando la diferencia. Tampoco eliges fechas ni camarote. Y para cualquier cuestión relacionada con el premio tienen que consultarlo en la sede y con la compañía antes de darte el visto bueno, porque según dicen tienen cupos, deben autorizarlo, y cosas por el estilo. Y así hemos estado más de dos meses.

    —¿Entonces…?

    —Fíjate si será que estuve por rechazarlo. Pero al final me voy. Y para poderme ir tengo que abonar las tasas de embarque y unos suplementos por no sé qué. Además, hemos hecho un seguro, y comprado el viaje hasta el punto de embarque,… más lo que arrastre en excursiones, bebidas y propinas. Total. Que me va a salir la broma por un ojo de la cara.

    —¡Ostras! ¡Visto así…! ¡Qué putada que te haya tocado! ¿No?

    —Pues sí. Y todo para un viaje que nunca me había atraído. Pero bueno…

    —No sé qué decirte.

    —Puedes acompañarme en el sentimiento”.

    ¡Qué tengan un buen día! ¡Y buen final de verano!

    JF Rives

    (Nota: Pueden visitar mi blog en el Diario Información digital: La habitación de los recuerdos).

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El Club de los perdedores.

Cada uno de nosotros puede verlo como quiera, para mí TODOS SOMOS PERDEDORES.

¿Qué quiero decir? Pues que para mí TODOS, a diario o en algún momento de nuestras vidas hemos reconocido, aunque sea a nosotros mismos, que no tenemos razón, que hemos fracasado en algo, que nos hemos equivocado, que tenemos defectos,…; ya sea en nuestro trabajo, con la familia, con los amigos,…

Y eso, lejos de ser algo tan negativo, deberíamos entenderlo como un aprendizaje de la Sigue leyendo «El Club de los perdedores.»

Diferentes versiones de… ¿una misma realidad?

Quizá les ocurra a ustedes lo que a mí, que escucho comentarios e informaciones provenientes de diferentes personas sobre un mismo asunto y cada uno, desde su punto de vista, ofrecen una versión diferente o, al menos, focalizada en aspectos muy diversos; y siempre procuro sacar mis propias conclusiones.

Pero no es algo que me ocurra ahora, casi cuarentón, sino que es algo que me viene de largo. Hace mucho tiempo aprendí a no creerme una versión de las cosas, sino a escuchar a Sigue leyendo «Diferentes versiones de… ¿una misma realidad?»

Cox en fiestas.

Del 13 al 18 de julio celebramos en Cox las Fiestas Patronales en honor a la Virgen del Carmen, conjuntamente con los Moros y Cristianos.

Para cualquier cojense, estos son días muy especiales en los que nos reuniremos en familia y veremos a vecinos, amigos y conocidos con los que difícilmente coincidimos durante el resto del año.

Como ya hicieran nuestros padres, llevaremos a nuestros hijos a la feria, a ver los desfiles o a desfilar, a que participen en los juegos infantiles, y a otros eventos de los que se Sigue leyendo «Cox en fiestas.»

Los tres príncipes de Serendipia.

A raíz de unos acontecimientos vividos, estuve divagando sobre si realmente es bueno demostrar las destrezas y conocimientos que cada uno posee. Y, aunque la primera apreciación sería pensar que sí, si rascamos un poco llegamos a argumentos que pueden llevarnos a la conclusión contraria: que no siempre es acertado, sino que puede acarrearnos muchos problemas. Y os pongo un ejemplo con el cuento tradicional persa titulado Los tres príncipes de Serendipia, que dice así, más o menos:

Érase que se era, tres príncipes de la impresionante isla persa de Serendipia. Los tres eran Sigue leyendo «Los tres príncipes de Serendipia.»

La leyenda de La Encantá.

Alrededor de la noche de San Juan existen numerosas leyendas, historias y costumbres. Días atrás, con motivo de tal día, un buen amigo me contaba su versión de la leyenda de La Encantá de Rojales.

Según él, cuenta la leyenda que un rey morisco sorprendió a su hija, una princesa de ojos azules y rubia cabellera, escapada de su fantástico castillo, entregándose a los placeres del amor con un joven príncipe cristiano por el bosque alrededor del Cabecico Soler. Tras una pelea con el joven amante, el rey moro cayó herido y murió, no sin antes maldecir en su Sigue leyendo «La leyenda de La Encantá.»

Los trenes de la vida.

Me van a permitir explicarles brevemente con un ejemplo cómo concibo la vida y sus diferentes etapas.

En la estación de la vida puedes optar por esperar indefinidamente un tren que nunca acaba por llegar y dejar tu vida pasar. También puedes subirte a alguno de los trenes de los que paren en tu estación, o decidirte a saltar a las vías tras un tren que no paró pero que te empeñas en coger.

Una vez arriba del tren, puedes quedarte quieto o puedes avanzar por el vagón de mercancías y por el vagón turista hasta alcanzar el vagón preferente. Incluso puedes pretender ser tú quien dirijas el tren, y hasta conseguirlo. También cabe la posibilidad de que una vez hayas cruzado todo el tren, no estés conforme con la dirección del mismo o con tus compañeros de viaje, y decidas bajarte en una estación de descanso, o bien saltar a la vía tras otro tren. Y así continuar el viaje.

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